17 de mayo de 2018

Like a Lion - Mark Forster con Gentleman


Título: Like a Lion 
Cantante: Mark Forster con Gentleman 
Album: No pertenece a ningún álbum. 
Año: 2018 

Desde hace un par de años Mark Foster suele sacar cerca del verano una canción que durante los siguientes meses se escucha a todas horas en la radio, y esta es la canción del 2018, la cual canta con Gentleman en una mezcla entre alemán e inglés.




14 de mayo de 2018

Que no echaría de menos de Alemania

Hace unos meses muchos blogs españoles nos pusimos de acuerdo en escribir sobre un tema en común: qué cosas echaríamos de menos si nos fuésemos de Alemania. En esta ocasión el tema elegido es justo el contrario, esas cosas que no echaremos de menos si algún día nos vamos de Alemania. La idea es de Ana, del blog en Cinco Platos y la promueve Montse, de Kartoffel Tortilla

He estado pensando bastante y me he sorprendido, de manera muy grata, al ver que hay muy pocas cosas que realmente me desagradan de este país. Hay costumbres que no termino de asumir y que prescindo en mi día a día, pero como no lo hago, tampoco lo odio; como el agua con gas, aunque en realidad sí que odio las bebidas gaseosas y se me enerva la sangre cada vez que me topo con una. Ya estoy entrenada en el noble arte de esquivarlas y no suelo tener muchos problemas, pero al principio era un suplicio.

Sin embargo, hay cuatro cosas de las que no puedo huir por más que quiera y son algo que me molestan profundamente.

El tiempo alemán.

De Alemania me gusta mucho el paso de las estaciones, me encanta el color del paisaje y las diferentes tonalidades de los árboles. Pero nunca echaré de menos el tiempo alemán. No me gusta pasarme semanas enteras sin ver el sol y que algunas veces parezca que vivamos en un perpetuo “veroño”. La primavera pasa directamente al invierno, con su gélido frío.


Noches eternas en invierno.

Tampoco echaré de menos las noches eternas. Cuando el sol se pone a las cuatro de la tarde, sin exagerar, y amanece a las ocho pasadas.

En esos días (noches) uno pierde las ganas y la energía para hacer cualquier cosa y levantarse temprano es todo un reto digno de cualquier novela de fantasía épica medieval.


La fruta de los supermercados.

Pero hay otra cosa más que, además de no echar de menos, me indigna: la fruta de los supermercados. Odio ir a comprar fruta en Alemania.


Es como una ruleta rusa. Las ves y parece que tienen buen aspecto. Tienen un color precioso y parecen listas para comer, pero es darles el primer bocado y no saborear nada. Algunas veces, por no tener, no tienen ni ese liquidillo que te pringa la mano.

Manzanas, peras, ciruelas, melocotones… todo es insulso. Pero hay que comer fruta, así que te arriesgas. Vas al supermercado concienciado en que lo que vas a comprar va a ser como morder una cebolla, y hasta te va a hacer llorar. Sin embargo, ves las manzanas, con un color rojo que gritan porque las muerdas. Te las llevas a casa con la esperanza de que esta vez sí; ese color no puede ser mentira. Les das un bocado y te golpeas mentalmente por no aprender la lección.

Si tienes la grandísima suerte de comprar fruta con sabor tardas, aproximadamente, dos segundos en volver al supermercado y llevarte a casa el cajón entero.

Parece muy exagerado pero a la fruta alemana le deben de echar algo extraño. Las puedes dejar semanas encima de la mesa a esperar a que maduren. Pero será en vano pues aunque pase el tiempo van a seguir igual de duras.

Se van a podrir por dentro, eso sí, pero van a seguir igual de duras que al principio.


Deutsche Bahn.

Mi último foco de sufrimiento es el transporte público alemán. En general este país está bastante bien comunicado, así que ahí no está el problema, y tampoco me voy a quejar de los precios de los billetes, abusivos. Pero la puntualidad de la Deutsche Bahn es de risa, aquí, rompiendo mitos.

Ahora no tengo que tomar ningún medio de transporte para llegar al trabajo, pero cuando lo hacía, no había día que no llegase tarde, o casi, aunque intentase tomar el tren anterior. El “dieser Zug fällt aus” lo llegué a ver en tantas ocasiones que acabé teniendo pesadillas con él.



En resumen, creo que se podría decir que estas son las cuatro cosas que nunca echaré de menos de Alemania. ¿Qué os parecen? ¿Coincidís conmigo?

¿Qué añadirías a esta lista?

PD: No sé si se entenderá el símil de la cebolla. Es una expresión que se utiliza en algunas partes de España. No es que la fruta esté mala o apeste, es que está muy dura y no sabe a nada.

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¿Curioso? ¿Interesante? ¿Descabellado? Los alemanes nunca van a dejar de sorprendernos, siempre habrá algo nuevo que descubrir. Si quieres conocer más "alemanadas", esas costumbres de los alemanes que nos resultan curiosas, échale un vistazo a esta página.

¡Un saludo!

10 de mayo de 2018

La cueva del dragón

Este relato participa en el taller de "Móntame una escena" del mes de mayo, de la página Literautas.
La premisa que nos daban es que debe de suceder dentro de un lugar llamado la cueva del dragón.


El chico se acercó con cuidado a la entrada de la cueva. Sabía que el dragón estaba dentro, lo escuchaba roncar desde allí, y eso fue lo que lo animó a aventurarse al interior y acabar con él de una vez por todas. 

El casco que llevaba era muy viejo y tenía muchas mellas, pero era mejor que nada. Tomó el escudo, que también había visto mejores épocas, y desenvainó su espada.

—Vamos, Nina —le dijo a su fiel acompañante, un rollizo corcel marrón de orejas muy grandes.

Se adentraron varios metros en la cueva. El interior olía a humedad y ha quemado y solo se oían los fuertes ronquidos de su morador. En cuanto pusieron un pie en el interior el dragón gruñó con fuerza y Nina salió huyendo al instante.

—Cobarde —murmuró el chico en voz baja.

Tomó aire un par de veces y comenzó a andar despacio sin hacer mucho ruido. Llevaba semanas intentado acabar con el dragón y eran pocas las veces en las que podía sorprenderlo mientras dormía. Tenía que aprovechar esa oportunidad.

El animal estaba tumbado en la parte más alta de la cueva, encima de una piedra recubierta por ramas, hojas, paja y los huesos de sus últimas comidas. Respiraba con calma y cada vez que el aire salía de sus fauces una pequeña llamita azul iluminaba la estancia.

El chico avanzó despacio, en los últimos días se había adentrado en la guarida del dragón en multitud de ocasiones y se conocía la cueva casi a la perfección. Los primeros metros estaban llenos de agujeros, que dificultaban el paso e impedían que un grupo grande avanzase en formación, tan solo se podía pasar de uno en uno con la espalda pegada a la pared.

El ruido que el propio dragón hacía cubría sus pasos, pero no se quiso confiar. No era la primera que intentaba sorprenderlo con la guardia baja, pero hasta ese entonces solo había conseguido llegar hasta él en muy pocas ocasiones. Tenía un oído muy fino y el más leve ruido lo despertaba.

Cuando atravesó el suelo con agujeros rodeó varias rocas el doble de grandes que él y saltó un pequeño riachuelo que corría por mitad de la cueva. Al aterrizar al otro lado el escudo se le resbaló de las manos y cayó al suelo con un golpe seco. Durante unos segundos el dragón dejó de roncar y se removió inquieto dentro de su sueño. El chico temió haberlo despertado y permaneció quieto, alerta a cada uno de sus movimientos.

No había ningún sitio donde esconderse. Si se despertaba en ese momento solo le quedaba correr todo lo que pudiese y escapar de allí, esperaba que de una sola pieza. Contuvo el aliento hasta que la respiración del temible dragón volvió a acompasarse.

Suspiró aliviado y avanzó de nuevo. Solo tenía que recorrer unos pocos metros para llegar a la piedra en la que estaba tumbado.

Miró a su alrededor y pensó cuál debería ser su siguiente movimiento. No era la primera vez que llegaba hasta allí, pero ningún intento había tenido éxito. Había probado a saltar encima de él y clavarle la espada, pero sus escamas eran demasiado duras y el acero nunca podía llegar a la carne. También había intentado asfixiarlo, pero aquello fue incluso una peor idea, y estuvo varias semanas convaleciéndose de sus heridas.

Mientras pensaba en lo que podría hacer, el dragón abrió los ojos y clavó su mirada en el chico, como si supiese perfectamente que estaba allí.

Se miraron con intensidad, azul contra azul, durante unos largos segundos.

—Johann —dijo el dragón en un tono de voz muy serio.

El chico no le respondió. Aún no tenía claro qué hacer, pero había llegado hasta allí y tenía que aprovechar esa oportunidad. Se armó de valor y saltó hacia él con la espada en ristre.

El dragón se levantó de un rápido movimiento y lo esquivó con facilidad.

—¿Ya estás otra vez con lo del dragón? —preguntó el dragón.

—¡Muere! —gritó el chico abalanzándose de nuevo sobre él.

Consiguió acertarle con la espada en la cabeza, pero igual que en las otras ocasiones la hoja no llegó a atravesar las duras escamas.

—La última vez Maria te castigó por intentar ahogarme, ¿es que no aprendes?

A la desesperada descargó rápidos golpes contra la cabeza y la espalda del dragón, pero eso tan solo lo hizo enfurecer más aún.

—¡Déjame tranquilo, enano! ¡Vete a jugar con Nina! Para eso te compraron el conejo —bramó el dragón.

Las aletas de la nariz del animal comenzaron a hacerse más grandes, se volvieron de un color azul oscuro y las chispas se arremolinaron a su alrededor.

El chico lo vio venir, pero no tuvo tiempo de prepararse o de huir y las llamas le dieron de lleno.

El dragón había vuelto a vencerle, otra vez.

*

¿Qué os ha parecido que era el chico? ¿Y el dragón? ¿Es de verdad un ser mitológico?
¡Contadme vuestras impresiones!

Y ya sabéis que las críticas constructivas siempre son bienvenidas.

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Si quieres leer más textos originales escritos por la autora de este blog, en este enlace los puedes encontrar todos.

¡Un saludo!




7 de mayo de 2018

Reciclar plantas

A pesar de lo mucho que me gusta la primavera en Alemania y lo sencillo que es tener un balcón florido, pues las plantas las venden en todos los supermercados, hay algo que no me termina de convencer. Y es que la gente compre plantas para solo tenerlas en casa durante unos cuantos meses, pues nunca sobreviven al invierno.

No tengo problemas con que la gente reponga las plantas que se han muerto, pero comprarlas sabiendo a ciencia cierta que solo van a durar unos meses y que cuando empiezan a marchitar, las tiran, sin tan siquiera intentar mantenerlas con vida, me parece horrible.


Por eso, en primavera me pasa lo mismo que en Navidad. Se compran flores de pascua y abetos como si los regalasen, y cuando acaba su época van a la basura. Y me fastidia mucho que la gente trate de esa manera a un ser vivo.

Me encantaría tener mi terraza llena de pimientos, tomates y fresas y comerme mi propia cosecha, como muchos hacen. Pero saber que solo van a durar unos meses y que cuando empiece el frío van a morir irremediablemente, me echa para atrás todos los años.

No quiero comprar algo por mero capricho sabiendo que lo estoy condenando a morir.

Me gusta mucho tener plantas en casa, pero solo tengo plantas que sé que pueden sobrevivir al invierno. Cuando empieza el frío las podamos y o bien las dejamos tapadas o las bajamos al sótano. Algunas no sobreviven, también lo confieso, pero siempre intento que revivan, les doy muchas semanas de margen en la primavera y varias de ellas me han sorprendido a los dos meses echando tallos nuevos. Como ya he dicho, no todas sobreviven, por desgracia, pero cuando tengo que tirarlas no me siento tan mal, pues no me he deshecho de ellas en cuanto estaban un poco feas.

Y así, tenemos un limonero que lleva con nosotros más de dos años, flores de pascua que han visto tres y hasta cuatro primaveras y unos geranios que van cumplir su segundo rebrote.

Aunque la planta más longeva es un lilium, será su quinta primavera. Todos los años parece muerta, pero cuando empieza a hacer calor renace de sus raíces, cual fénix floral.

Nunca he comprado plantas de un solo año, como las llaman por aquí, sino que compro las que sé que van a poder sobrevivir y la verdad es que es una satisfacción ver cómo van creciendo de la nada.

Y además, gracias a esto, todos los años me ahorro unos cuantos euros en jardinería. Quizá mi balcón no sea el más bonito del barrio, pero es el que más amor tiene.

¡Un saludo!


30 de abril de 2018

Zugspitze


El Zugspitze es la montaña más alta de Alemania. Se encuentra en los Alpes alemanes y su cima está a 2.962 metros por encima del nivel del mar.

Esta montaña, al igual que el macizo al que pertenece, son la frontera natural entre Alemania, que queda al norte, y Austria, al sur.

La primera ascensión oficial hasta la cima la realizó Josef Naus, un militar alemán, el 27 de agosto de 1820 por encargo del Real Instituto Topográfico Bávaro.
Aunque es muy probable que los habitantes de la zona ya hubiesen llegado a la cima con anterioridad.


En la actualidad es posible subir hasta la cima de la montaña de cuatro maneras:

- En tren desde Garmisch-Partenkirchen. Este tren se llama Bayerische Zugspitzbahn, el trayecto comienza en la estación central de esta localidad y sube hasta los 2.650 metros de altura, es el tren que más alto llega en Alemania. Luego hay que tomar un teleférico para poder llegar hasta la cima.

El trayecto total dura más de 1 hora.

- Con un teleférico desde Alemania. Se toma en la base de la montaña, en Eibsee.

- Con un teleférico desde Austria. Se toma en la base de la montaña, en Ehrwald.


- Andando. Es la opción más larga, dicen que unas 6 horas, más barata y más aventurera. Eso sí, si nos decantamos por esta opción tened en cuenta que hay que estar bien preparados. No podemos ir con prisa ni con un equipaje inadecuado, pues algunos tramos no son aptos para hacer senderismo, sino que hay que escalar.

Antes de subir, tanto andando como por medio de algún transporte, hay otra recomendación a tener muy en cuenta: vamos a estar a casi 3000 metros de altura y va a hacer mucho frío. Así que aunque abajo haga calor, llevad ropa de abrigo.

Una de las cosas que más me llamaron la atención de la cima de esta montaña fue la existencia del Biergarten más alto de Alemania. Sí, los bávaros han montado uno aquí arriba, en la cima del mundo alemán.


Opinión personal: increíble. Simplemente increíble.

Nos encantó la experiencia. Subimos hace unos años y la verdad es que las vistas son magníficas. Fuimos en coche hasta la falda de la montaña y luego nos montamos en el teleférico, pero algún día subiremos andando.

Sin duda es un sitio que merece la pena visitar.



¿Alguno ha subido alguna vez hasta aquí? ¿Cómo lo hizo? ¿Cómo fue la experiencia?

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Alemania es un país lleno de lugares con encanto que esperan ser descubiertas; grandes urbes, pequeñas ciudades y pueblos que parecen estancados en el tiempo. ¿Te animas a descubrirlas con nosotros?

¡Un saludo!



26 de abril de 2018

Tu tacto, tu olor, tu sabor

La idea de este relato salió de un libro titulado "642 cosas sobre las que escribir".


No sé qué me gusta más de ti, si tu tersa piel o tus voluptuosas curvas.
Siempre te encuentro en rincones oscuros y cuando mi mano te toca, no puedo evitar deleitarme con tu contacto. Mis dedos recorren todos tus recovecos y se pierden entre las líneas de tu figura.

La capa marrón que siempre llevas encima me estorba. Te la quito despacio. Con cuidado. Y todas las veces me maravillo por la blancura de esa sedosa superficie, que solo me enseñas a mí. Suave y lisa. Simplemente soberbia, perfecta. Mis manos resbalan por ella y las marcas que recubren tus curvas me cautivan.

Te toco, te palpo, te preparo y busco el mejor lugar por donde empezar.

Luego te abro. Tu olor me domina, me somete y no puedo evitar que unas lágrimas caigan por mis ojos. Algunas veces te odio por ello. Estoy acostumbrado a ello, pues no es nuestra primera vez juntos y tampoco será última. Me gustas demasiado. Pero aun así, detesto que me hagas llorar. Aunque soy consciente de que no lo haces a propósito. Es tu naturaleza.

Cuando estás lista tu olor me seduce y me inunda. Inspiro aire y lleno mis pulmones con tu aroma. Me recreo en ese eterno instante y me convenzo de que unas pocas lágrimas merecen la pena.

El culmen llega cuando, al fin, mi lengua te saborea.

Exquisita.

Podría elegir a otra, sin embargo, nada sería lo mismo. Echaría demasiado de menos tu sabor.

No. Solo puedes ser tú.

Y por eso, por tu unicidad, te escribo estas palabras, este homenaje.

Esta oda a una cebolla.

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La premisa era escribir una oda a una cebolla.

¿Qué os ha parecido? ¿Qué pensabais que estabais leyendo? ¿Os esperabais el final?

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Si quieres leer más textos originales escritos por la autora de este blog, en este enlace los puedes encontrar todos.

¡Un saludo!




23 de abril de 2018

Alexander Gerst



Alexander Gerst nació el 3 de mayo de 1976 en la localidad de Künzelsau, en Baden-Württemberg, Alemania.
Es un geofísico y astronauta alemán.


Estudió geofísica en la universidad de Karlsruhe y obtuvo un master de ciencias de la tierra en la universidad Victoria de Wellington, Nueva Zelanda.

En 2007 se le concedió el Bernd Rendel-Preis, un premio que otorga la Sociedad Alemana de Investigación, Deutsche Forschungsgemeinschaft.

El 20 de mayo de 2009 compitió con 8407 candidatos para obtener un puesto en Agencia Espacial Europea, y solo seis personas, entre las que se encontraba Gerst, obtuvieron el puesto. Ese mismo año comenzó su formación como astronauta en el Centro Europeo de Astronautas que se encuentra en Colonia.

En 2010 obtuvo su título de astronauta y un doctorado en ciencias naturales otorgado por el Instituto de Geofísica de la Universidad de Hamburgo.

Hasta la fecha ha realizado un vuelo al espacio, Soyuz TMA-13M, y ha formado parte de dos expediciones, la Expedición 40 y la Expedición 41.

Gracias a su trabajo y su compromiso con la Estación Espacial Internacional (ISS) Joachim Gauck, Presidente de la República Federal de Alemania, le otorgó en 2015 la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania de Primera Clase (Bundesverdienstkreuz 1. Klasse).

Y ese mismo año se le puso su nombre a un asteroide, (190617) Alexandergerst.

En junio del 2018 se planea su segundo viaje al espacio, el Soyuz MS-09. Será el primer alemán y el segundo europeo de oeste que viaja al espacio con el título de comandante.

Aún se encuentra en activo, pero se le auguran muchos más éxitos, así que estaremos pendientes y seguiremos de cerca sus progresos.

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Si quieres conocer más famosos que nacieron en Alemania no dudes en pasarte por esta página: Celebridades alemanas.

¡Un saludo!


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